El ritmo se mece en sus veredas. El incansable río Mississippi es el pentagrama sobre el que se ha entonado su historia. El crisol de melodías que se tejieron en sus relatos provienen de tantos destinos que casi es imposible de reconstruir.

    Los aborígenes locales fueron los primeros pobladores, a los que se sumaron primero los colonizadores franceses; más tarde llegaron españoles, africanos, italianos, canadienses, irlandeses y, finalmente, los propios norteamericanos, que se tomaron su tiempo para husmear Nueva Orleans.

    Nadie entendía bien cómo en medio del pantano prosperaba una comunidad tan diversa. Pero fue esa torta en capas la que dio vida a una cultura colorida y multifacética.

    A 30 minutos del centro en auto, el aeropuerto Louis Armstrong se hizo a nuevo en la prepandemia, y en él se escucha música en vivo casi siempre que toca embarcar. Jazz, por supuesto.

    Nueva Orleans es, desde el primer vistazo, un escenario de película. El Mississippi funciona como un gran horizonte que divide a la ciudad. El área rural queda hacia una de las márgenes; en la otra, el área urbana, desde la clásica hasta la más moderna. El lago Pontchartrain, aquel que se desbordó con el huracán Katrina en 2005 y destruyó gran parte de la ciudad, conserva en sus orillas pantanos naturales y plantaciones tradicionales de la época de la Guerra de Secesión.

    La mejor manera de recorrer NOLA (como le dicen los locales a New Orleans) es a pie o haciendo uso de los tranvías clásicos, para los que se pueden obtener pases por día o por semana. Para actividades en las afueras, basta con los servicios de paseos que se ofrecen, casi todos desde el muelle.

    Los clásicos

    Apenas se pone un pie en Nueva Orleans, el paseo indispensable es el French Quarter. El Barrio Francés, atemporal, seduce con sus construcciones tradicionales, conservadas como en los inicios de la ciudad, en 1718.

    Jackson Square ofrece una cadena interminable de restaurantes. En casi todos ellos se escucha jazz, muchos con bandas en vivo. La música llega hasta la calle. La Catedral de St. Louis, la iglesia católica romana más antigua de Estados Unidos, frente a la plaza principal, se ilumina especialmente hacia el atardecer. Es allí donde se afincaron los primeros pobladores. Y por allí hay que perderse caminado.

    La fecha perfecta para visitar la ciudad es durante el Carnaval. Todo comienza el 6 de enero y continúa hasta el Mardi Gras (“martes gordo”, en francés), el último día de fiesta antes del Miércoles de Ceniza. Sin embargo, también se puede ir en otra fecha, porque cada domingo se recrea la tradición callejera de cantar y bailar.

    Bourbon Street (llamada así por la corona francesa) es la calle de los bares, donde se pueden adquirir las famosas go cups, vasos de plástico con tragos para llevar (NOLA es la única ciudad de Estados Unidos que permite llevarse un trago fuera del local).

    Royal Street, en tanto, es una de las calles más antiguas del distrito, con tiendas de antigüedades y galerías de arte. Decatur, Magazine y Chartres son tres que conservan la mejor arquitectura y tiendas de productos locales.

    Otro imperdible es el Mercado Francés, con cinco cuadras de negocios y restaurantes, ideal para ver espectáculos callejeros. Más de 50 artesanos locales ofrecen productos a precios razonables.

    De sordinas y trompetas

    Imposible no llevarse el jazz en la venas luego de pasar por Nueva Orleans. El infaltable hito musical se encuentra en el corazón del Barrio Francés. Localizado en St. Peter Street, Preservation Hall conserva su estructura original y presenta conciertos íntimos y acústicos con un grupo de 50 músicos que rotan cada noche.

    En Peacock Room, un exquisito sitio art decó en el corazón del Kimpton Hotel Fontenot, se presentan cada jueves por la noche las voces vanguardistas. Ideal para cenar con música o compartir el trago de una de las barras más modernas de la ciudad.

    La música también se vive en el recorrido interactivo histórico que propone el observatorio digital Vue New Orleans: la historia y la cultura musical de un modo inmersivo.

    Una mirada transversal donde la música es clave es JamNola, una propuesta intercultural que reúne 17 exhibiciones icónicas a través de los ojos de más de 30 artistas locales. Imprescindible la visita guiada para leer el detrás de escena de las puestas.

    Estratégicamente ubicado en la intersección del Barrio Francés y el corredor de música en vivo de French-man Street, el Museo de Jazz de Nueva Orleans se sitúa en el corazón musical de la ciudad. Su colección exclusiva de originales se cotiza en más de cuatro millones de dólares.

    Hay en visitar el bar del Four Seasons New Orleans, en Canal Street 5. Su chandelier es mítica. También es única la colección de arte de Windson Court, con antigüedades europeas y reproducciones de época de los siglos XVII y XVIII, cuyo valor se estima en más de 9 millones de dólares. Incluye obras originales de Reynolds, Gainsborough y Huysman, que pueden disfrutarse, claro, escuchando jazz.

    Barcos a vapor y cementerios

    El río Mississippi es el gran imán que siempre atrae la mirada. Los cruceros en los barcos a vapor son una opción perfecta. Se puede optar por el Steamboat Natchez o The City of New Orleans. Ambos ofrecen un recorrido de dos horas. El que parte al caer la tarde brinda cena… con música en vivo. El anochecer durante la navegación es una experiencia fantástica.

    El otro lado de la ciudad es tan vibrante como el visible. Es indispensable subirse a la cultura de la muerte que transita natural en sus arterias. Los cementerios, que para los locales son “Ciudades de los Muertos”, ornamentadas e históricas, tienen recorridos que recrean el quién es quién y dan a conocer la historia y las tradiciones. Hay más de 40 cementerios, cada uno con su propio encanto y personalidad. Las tumbas son obras de arte.

    El cementerio de St. Louis, lindante con el Barrio Francés, es el más antiguo. El recorrido cuesta 25 dólares, dura 45 minutos y sale cada 15 (de 9 a 15.45). En él se encuentran las tumbas de Marie Laveau, la reina vudú, y el zapatero y activista Homer Plessy, parte en el caso legal de 1896 que decidió mantener la segregación racial. También está allí la futura tumba del actor Nicolas Cage.

    En el cementerio de Lafayette, en el distrito de los jardines, se filmaron escenas de las películas “Entrevista con un vampiro” y “Drácula”, además de las series NCIS: New Orleans y American Horror Story. Es posible contratar un recorrido nocturno que visita varios cementerios.

    El placer por el miedo sigue en los balcones de hierro forjado y la fachada barroca de LaLaurie Mansion, uno de los sitios más embrujados de los Estados Unidos. Su antigua propietaria, Marie Delphine Macarty, o “Madame LaLaurie”, torturó y mató allí a muchos esclavos a mediados del siglo XIX. Otras opciones: el Museo Histórico de Vudú y el Museo de la Muerte.

    Otro par de museos resultan llamativos, como el de la Segunda Guerra Mundial, con un montaje extraordinario, ofrece nuevas formas de conectarse con la historia. Una dog tag (la identificación de los soldados) que se ofrece en el ingreso permite a cada visitante seguir (incluso desde casa, al regreso del viaje), los pasos de un combatiente real durante todo el conflicto.

    Otro es el Museo Infantil de Louisiana (abre de miércoles a domingo), que se encuentra en el fantástico Parque de la Ciudad, a diez minutos a pie del Museo de Arte de Nueva Orleans. Uno ofrece experiencias para que los chicos encarnen la cultura local. El segundo, además de obras de Giacometti, Warhol, Calder, Picasso o Kandinsky, ofrece una mirada intensa sobre los artistas locales.

    Quien busque arte de vanguardia y protesta, puede acercarse al barrio Faubourg Marigny (una excelente oportunidad para conocer otro lado de la ciudad) y visitar Studio Be del artista local Brandan ‘Bmike’ Odums. Abre los miércoles de 14 a 20.

    La alegría gastronómica

    Uno de los atractivos ineludibles de la ciudad es el desborde de ofertas para degustar: la cocina local es tan diversa como su proceso inmigratorio. Al ladito del río, dos propuestas para comenzar: Miss River es, según su chef Alon Shaya, una “carta de amor a Louisiana”.

    En un espacio que recrea los clubes de los años 20 se pueden degustar delicias locales como carne de cangrejo azul en trozos y ñoquis de papa Yukón; un caldo de gallineta nórdica guisado con una mezcla de ostras o un pato asado en almíbar de caña que ha sido madurado en seco por 20 días.

    Al lado, Chamin a la Mer es un balcón al Mississippi que espera con un hacer francés a los clásicos locales: un gran bar de ostras, carnes especiales y mariscos del Golfo. Elegante y distinguido.

    Para degustar en el corazón mismo de la ciudad, en el Barrio Francés espera Napoleon House, en Chartres Street 500, abierto nada menos que desde 1914. Allí está el chef Ralph Brennan, famoso por sus sándwiches de muffaletta, un tipo de pan redondo de sésamo siciliano que hizo célebre la comunidad italiana que inmigró a NOLA. Se sirve con salame italiano, jamón, queso y ensalada de aceitunas, apio, coliflor, zanahorias, pimientos, pepperoncini, cebollas, alcaparras, ajo y especias.

    Bourboun House, en el 144 de Bourboun Street, es el sitio perfecto para experimentar las clásicas ostras de la ciudad. Sólo frutos del mar frescos bajo la consigna de “si no está en temporada, no lo encontrará en el menú”.

    En el borde sur del Parque de la Ciudad descansa Ralph’s on the Park, un restaurante sureño típico. Una idea perfecta: el brunch del domingo con sopas, aperitivos, huevos, ensaladas, hamburguesas desbordantes y frutos de mar. Al salir: merecen una caminata las calles laterales con casas de madera originales, para cansarse de tomar fotografías.

    Dos hitos antes de partir: Sazerac House y Café du Monde. El primero es un museo, bar y destilería que lleva el nombre del cóctel oficial de Nueva Orleans: el Sazerac es obra del boticario haitiano Antoine Peychaud, y es una combinación de whisky, absenta y Bitters Peychaud.

    El super clásico Café du Monde, en tanto, data de 1862 y propone café, chocolate caliente y beignets, donas cuadradas al estilo francés (se venden por porción de 4 para llevar). Abre las 24 horas, los siete días de la semana.

    Plantaciones y pantanos

    No es tan cierto decir que se conoce NOLA si no se concretan dos excursiones imprescindibles, como los que ofrece Cajun Encounters: vistas a las plantaciones y a los pantanos.

    El pantano Honey Island es una reserva que permite ser recorrida en pequeños botes de fondo plano (llevan no más de 20 pasajeros) que se deslizan a través del hábitat de los caimanes y son conducidos por capitanes que tienen más de cuatro décadas navegando. La historia del lugar permite comprender las entrañas de Nueva Orleans y un modo de vida rural costero que permanece.

    Las plantaciones, por su parte, son un viaje al pasado y a la esclavitud más brutal. Existen dos tipos: las criollas y las americanas. Las afueras de la ciudad están repletas de pequeñas parcelas que dieron vida al cultivo de la caña de azúcar. Algunas de ellas, de otras dimensiones e historia, se abren a modo de museo viviente (siguen en funcionamiento) de una época que trazó la historia norteamericana.

    Oak Alley, por ejemplo, fue construida en 1837. Una impresionante hilera doble de robles gigantes forman un callejón de robles de unos 2.500 metros de largo que da el nombre a la plantación. En ella se pueden visitar, además, las casas destinadas a los esclavos, y conocer el modo de vida de entonces.

    Laura, una plantación criolla, tiene una tradición de 200 años en manos de mujeres. Las historias contadas por un liberto de África occidental que trabajaba en la plantación en la década de 1870, “Compair Lapin & Compair Bouki”, tuvieron lugar en las cabañas de esclavos originales de la década de 1840. Una de las metas de sus actuales administradores es la de utilizar los archivos para reconstruir la historia personal de sus esclavos.

    MINIGUIA

    Cómo llegar
    Desde Buenos Aires por American Airlines, vía Dallas, desde US$ 1.658 ida y vuelta. Por Delta Airlines vía Atlanta o Nueva York, desde US$ 1.817. Por United Airlines, vía Houston, desde US$ 2.049.

    Dónde alojarse
    Hoteles tres estrellas en zona céntrica, como La Quinta By Windham New Orleans Downtown, desde US$ 174 la habitación doble con desayuno por noche. En hoteles 4 estrellas, desde US$ 123 (hotel Vinache).

    Flavia Tomaello.

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