La brisa pega en la cara y las olas salpican. El ruido del motor de la lancha disminuye y la embarcación se detiene frente a una isla. “Esta es la joya de Ubatuba”, dice el capitán sobre Ilha das Couves, una de las playas más lindas de todo el litoral norte de San Pablo.

Aunque en el imaginario colectivo se asocia a este estado brasileño con una metrópolis, mucho tráfico y sede de eventos corporativos, a poco más de dos horas de la capital, nos encontramos con destinos que invitan a disfrutar del aire libre, rica gastronomía, paisajes selváticos y playas espectaculares.

Al circuito del litoral norte, lo conforman 5 ciudades: Ubatuba, Caraguatatuba, São Sebastião, Ilhabela y Bertioga. “Cuánto más al norte, mejor”, dicen los que conocen la zona, ya que el agua del mar es más clara y los servicios de la ciudades son más variados

Ilha das Couves cumple con eso. Es un tesoro difícil de encontrar de esta región, ubicado en el punto más al norte al que llegamos, al límite con el estado de Río de Janeiro. El mar calmo y de un verde intenso la convierten en una de las playas más lindas. 

Para preservarla, el ingreso está controlado por autoridades locales y solo pueden poner un pie en la costa quienes cuenten con el permiso necesario (las excursiones lo tienen incluido). Se permite el acceso de 531 personas por día, en tres turnos de 177.

Esta medida, también sirve para evitar aglomeraciones ya que las dos playas que tiene la isla rondan los 150 metros de largo, y hay un solo quiosque donde conseguir bebidas y comida. Para respetar el sistema de turnos, la estadía no dura más de tres horas.

El capitán vuelve a encender la embarcación y continuamos conociendo algunas de las más de 100 playas que tiene Ubatuba. Otra de las destacadas y sumamente buscada para celebrar Reveillon, la fiesta de Año Nuevo, es la Isla de Prumirim, con aguas claras y poca infraestructura, a la que solo se llega en barco.

En este destino brasileño, con 100 kilómetros de costa y con el 89% de su territorio de mata atlántica, el bioma con la mayor biodiversidad del planeta y que aparece como una de los más amenazados, el turismo de aventura y la observación de aves son otras de las actividades predilectas de los visitantes.

Caraguatatuba

Tomando la ruta 101, la que nos llevará a todos las ciudades de este circuito, en poco más de una hora llegamos a “Caraguá”, como le dicen sus habitantes acortando el nombre original.

La playa Cocanha está con mucha actividad en este día soleado. Varias personas en el mar, otras tantas utilizando las reposeras que se alquilan y varias embarcaciones listas para zarpar con turistas.

A nosotros nos espera una pequeña lancha, que pertenece a la asociación AMAPEC creada por maricultores y pescadores. A pocos metros de la costa y al lado de la isla que tenemos en frente, Islote de Cocanha, está el criadero de mejillones al que nos dirigimos.

“Comenzó como el proyecto Martin Pescador en 1989. Nació como alternativa a la pesca porque estaba muy controlada. Al principio se hizo en el centro de la ciudad, pero las condiciones no eran favorables. En 1990 se mudaron a esta playa, donde la temperatura y las corrientes son las indicadas”, explica el guía.

Estamos detenidos frente a una gran cantidad de bidones azules que flotan en el mar. Hacia abajo salen largas sogas a donde estos moluscos se adhieren y se reproducen. Por año, se sacan alrededor de 200 toneladas.

Luego de la explicación, llega la mejor parte: la degustación. En la isla, cuentan con un pequeño restaurante donde nos esperan con bolinhos de mejillón, una especie de croqueta, y mejillones en diferentes salsas.

La isla también se presta para un buen chapuzón en el mar, antes de volver a continente.

Además de las playas y la naturaleza, Caraguatatuba cuenta con el centro comercial más grande de la costa norte, ideal para aquellos turistas que quieren ir de compras.

De São Sebastião a Ilhabela

Continuando nuestro viaje hacia el sur, con su espíritu colonial y tranquilidad de pueblo, São Sebastião es de las ciudades a destacar de este circuito.

Sobre la Rua da Praia, hay restaurantes y bares con mesas en la vereda y vistas al mar. También se divisa Ilhabela, aquí es la distancia más corta que tiene la isla con el continente.

Sobre esta calle, también está parte del centro histórico, siete cuadras con construcciones protegidas a las que no se les puede cambiar la fachada. En cada edificio histórico hay un código QR, que explica la historia de cada uno e indica el recorrido. El más antiguo es una pequeña iglesia amarilla, con su veleta original, que data del siglo XVII.

Esa iglesia, fue protagonista de unas de las historias más increíbles. “Por más absurda que parezca, es una historia verdadera”, dice nuestro guía y explica que, si bien no se tiene una fecha precisa, entre el siglo XVII y XVIII la figura que está cerca del altar -la estatua de San Sebastián-, fue condenada a 5 años de prisión por homicidio. Extraño, pero real.

Resulta que siempre que había misa, un vecino borracho iba molestar y gritar durante la celebración. Un día, el hombre apareció muerto frente a la iglesia. Todos los ciudadanos comenzaron a decir que fue la estatua de San Sebastián la autora del crimen, que lo hizo a modo de castigo.

Por la muerte, se hizo una investigación y la justicia determinó que la estatua fue la culpable, por lo que la trasladaron a la cárcel. Meses después, se revisó la decisión y como se trataba de un objeto, “le concedieron” arresto domiciliario, por lo que volvió a la iglesia, donde hoy sigue expuesta, pero ya en libertad.

A dos cuadras, está la Casa de la Cultura, construcción antigua que también está protegida. Fue el primer colegio de São Sebastião y hoy funciona como museo y se realizan numerosas muestras artísticas.

Las callecitas del centro, están rodeadas de construcciones que reflejan años de historia. Son todas de colores distintos y algunas encantan con sus balcones.

Además de los edificios protegidos, un punto imperdible del centro -según los locales- es una heladería tradicional llamada Sorvetes Rocha. Como la mayoría de sorveterias de Brasil, es autoservicio y se vende por peso. Tres bochas salen 10 reales.

En São Sebastião hay 36 playas. Nosotros elegimos Maresias, una costa de 4 km de extensión, de donde surgió el surfista campeón mundial, Gabriel Medina. Allí hay restaurantes, que cuentan con sillas, mesas y sombrillas en la arena, que se pueden usar siempre y cuando se consuma algo.

Un sitio recomendado para almorzar es Badauê, donde se sirven platos típicos como bobó de camarón y moqueca de pescado.

En el extremo izquierdo de esta playa, se encuentra el sendero “Trilha do migrantes”. Se trata de un camino de 1 kilómetro, ascendente, rodeado de mata atlántica, el bioma característico de la región, que lleva a dos playas: la de los Pescadores para los locales (o Playa brava según Google Maps) y Pauba.

En la primera parada, la playa de los pescadores, hay varios botes que son propiedad de los caiçaras, los habitantes tradicionales de la región, descendientes de esclavos, aborígenes y portugueses. Allí, temprano en la mañana, los habitantes van a comprar pescados frescos, recién sacados del mar.

El camino continúa hacia dos miradores, desde donde se tiene una vista completa de la costa y se divisan algunas islas. Durante el recorrido hay carteles que ayudan a identificar la fauna local.

El sendero termina en Pauba, una playa recomendada para hacer surf. Allí, hay numerosas casas particulares con salida directa a la costa.

Como se mencionó anteriormente, São Sebastião es la ciudad continental más cercana a Ilhabela. Desde el puerto, parte un servicio de ferry cada media hora, que tarda alrededor de 30 minutos en llegar a destino.

Los lugareños dicen que en Ilhabela hay una energía especial. Y puede ser porque lo tiene todo: centro histórico y paseo de compras, más de 40 playas, posibilidad de observar ballenas y delfines (de mayo a agosto), hacer observación de aves y disfrutar de mucha naturaleza dentro del Parque Estatal, la mayor reserva insular de mata atlántica del planeta, considerada Patrimonio Natural y Reserva de la Biosfera por la Unesco.

En este destino, al que llegarán muchos de los cruceros que partirán desde Buenos Aires hacia Brasil en esta temporada de verano, elegimos hacer una excursión tradicional del circuito off-road.

Un jeep nos espera en la puerta de nuestro hotel para emprender la travesía que nos lleva a una de las 10 mejores playas de todo Brasil: Castelhanos.

El camino tiene numerosas paradas, la primera en el cartel de la ciudad y la segunda en la cascada de la Usina.

La próxima, ya es dentro del Parque Estatal de Ilhabela, donde hay varios senderos para adentrarse en las bellezas que guarda la mata atlántica, como pozos de agua y cascadas.

El camino de 18 kilómetros hasta el mar es complicado, solo se puede hacer con vehículos 4×4. Hay barro, pozos, subidas y bajadas; toda una aventura.

Para llegar a la playa, los vehículos quedan en un parking y hay que hacer una caminata de unos 10 minutos. Con 1.700 metros, Castelhanos es la más grande de esta isla. Cuenta con diferentes restaurantes, senderos para conseguir las mejores postales y la posibilidad de hacer surf.

Dos actividades recomendadas de esta playa son subir al Mirador del Corazón, desde donde se ve cómo la costa adopta la forma de esa figura, y conocer una pileta natural, ubicada en el extremo izquierdo.

Dato importante: no olvidar el repelente. En la isla hay unos insectos llamados borrachudos, que se concentran en esta parte. Es recomendable llevar productos en crema y de citronela o comprar allí el repelente especial que se fabrica para estos bichos. También se sugiere llevar alguna crema para picaduras porque es imposible salir invicto de los borrachudos.

El retorno al centro de la ciudad lo hacemos en lancha. Desde la embarcación conocemos otras playas como la de las Calaveras, cuyo nombre se debe a que con el naufragio del Príncipe de Asturias, “el Titanic brasileño”, los cuerpos de las víctimas se encallaron ahí; Praia da Fome o Playa del Hambre, donde se llevaba a los esclavos para engordarlos antes de venderlos en el mercado de Santos; y otras con historias menos trágicas como Serraria y Jabaquara.

La visita por esta ciudad, no está completa sin una caminata nocturna por la Villa, como se conoce al centro histórico, un sitio lleno de vida, con arquitectura colonial, edificios de colores y una hermosa peatonal con una gran variedad de bares, restaurantes y locales de souvenir.

Vuelos y precios

Para los argentinos, el litoral paulista se convierte en una opción tentadora para este verano gracias a su variada conexión con el país. Son varias las aerolíneas que hacen la ruta Buenos Aires – San Pablo, como Turkish, Aerolíneas Argentinas, Gol, Flybondi, Ethiopian Airlines. Hay vuelos tanto desde Aeroparque como desde Ezeiza.

Además, no es necesario pasar por Buenos Aires, para poner un pie en la capital de este estado brasileño. Aerolíneas Argentinas mantiene operativos 3 vuelos que salen desde otros puntos del país.

Los itinerarios son: San Pablo – Salta – Tucuman, San Pablo – Córdoba -El Calafate y San Pablo – Bariloche.

Por otro lado, Gustavo Monteiro, Secretario Ejecutivo del Circuito, asegura que en general, los precios del litoral norte, son más económicos que en Río de Janeiro.

Algunas tarifas estimativas:

  • Plato ejecutivo en la playa cuesta 3,71 dólares (19 reales), incluye feijao, arroz, papas fritas, carne.
  • Rabas 16,78 dólares (86 reales).
  • Hamburguesa desde 7,41 dólares (38 reales).
  • Pesca del día con farofa y arroz desde 38,62 dólares (198 reales).
  • Moqueca de pescado para dos personas 27,89 dólares (143 reales).
  • Açaí desde 1,56 dólares (8 reales).
  • Lona de playa 12,68 dólares (65 reales).
  • Vestido largo blanco que se venden en la playa 33,16 dólares (170 reales).

Miniguía

Cómo llegar

Con Aerolíneas Argentinas, un pasaje de ida y vuelta para la segunda quincena de diciembre cuesta $ 120.038.

Para llegar al litoral norte se recomienda alquilar auto. Ubatuba está a 207 kilómetros del aeropuerto de Guarulhos, Caraguatatuba a 164 km, São Sebastião a 184, Ilhabela a 190 y Bertioga a 97.

El ferry de São Sebastião a Ilhabela sale todos los días cada media hora. Con auto, los días hábiles cuesta 3,69 dólares (19 reales), los fines de semana y feriados sale 5,54 dólares (28,50 reales) www.dh.sp.gov.br.

Dónde hospedarse

Ubatuba: Banana Bamboo Ecolodge. Habitación para dos personas con desayuno, 233,49 dólares (1.197 reales) en temporada alta, en noviembre desde 194,67 dólares (998 reales). Incluye desayuno, pileta.

Caraguatatuba: Hotel Port Louis. Dos noches mínimo, para dos personas con desayuno, sale 380,42 dólares (1.954 reales). Tiene pileta y restaurante.

São Sebastião: Hotel Miradouro. Habitación para dos personas con desayuno desde 151,86 dólares (780 reales). Incluye pileta y se destaca por su vista increíble.

Ilhabela: Casa Di Sirena Wyndham. Habitación para dos personas, totalmente equipada con kitchenette desde 175,22 dólares (900 reales) por noche. Incluye pileta, gimnasio y desayuno.

Actividades

Ubatuba. Paseo en barco a diferentes islas, 29,12 dólares. Dura alrededor de 4 horas.

Caraguatatuba. Visita a la hacienda de mejillones. Sale 9,72 dólares por persona. Incluye transporte a la isla, guía y degustación de mejillones. También se puede pedir solo el traslado por 3,89 dólares.

São Sebastião. Trilha do migrantes autoguiada y gratuita, con guía 4,86 dólares, rapel 19,44 dólares, buceo de bautismo 77,76 dólares.

Ilhabela. Excursión off road en jeep hacia playa Castelhanos, 27,22 dólares por persona. Ir en jeep y volver navegando, 46,66 dólares.

Bertioga. Visita al fuerte São João, entrada gratuita. Abre de 9 a 17.45, lunes cerrado.

Moneda

1 dólar equivale a 5,11 reales.

Requisitos de ingreso

Se puede optar entre presentar un comprobante de vacunación completo (se aceptan todas las vacunas) o una prueba negativa para coronavirus realizada un día antes de la hora de embarque.                                                                   

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